Perros salvajes

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Todo el vecindario estaba conmocionado, no lo pod√≠amos creer,¬† hab√≠amos escuchado historias de ese tipo, pero jam√°s pensamos que algo as√≠ suceder√≠a‚Ķfue apenas el a√Īo pasado, el 5 de enero.

Se supone que esta fecha es de alegría y emoción, tanto para padres como para hijos, quienes esperan ansiosos a que los Reyes Magos arriben a su hogar. Los padres, por su parte, emocionados, nerviosos y apurados recorren tiendas jugueterías y tianguis para encontrar el juguete ideal.

Rosalba hab√≠a faltado a trabajar con la √ļnica finalidad de adquirir el regalo perfecto para su hijo de apenas cinco a√Īos de edad. Era madre soltera y rentaba un peque√Īo departamento (dos cuartos) en una casa donde habitaban otras familias.

Ah√≠ tambi√©n resid√≠a un hombre que no se sab√≠a bien a bien a qu√© se dedicaba, sin embargo ten√≠a un par de perros que, seg√ļn las malas lenguas, los entrenaba para las peleas callejeras.

Como la madre de Rosalba habitaba hasta Xochimilco, al sur de la ciudad de M√©xico, √©sta no ten√≠a con qui√©n dejar a Pablito. Por tanto pens√≥ en dejarlo encargado con¬† Diana, una ni√Īa casi adolescente, quien acept√≥ cuidarlo por un par de horas.

Pablito estaba realmente emocionado, hab√≠a escrito su carta d√≠as atr√°s y s√≥lo estaba esperando que la noche cayera, para que el nuevo d√≠a llegara y con √©ste todos sus dulces y juguetes. Rosalba sali√≥ de la casa, ubicada en la delegaci√≥n √Ālvaro Obreg√≥n, con el dinero entre sus manos y su coraz√≥n lleno de esperanzas.

Horas más tarde todo era confusión. Se escuchaban sirenas de ambulancias y patrullas; todos los vehículos pararon en la casa donde vivía Rosalba. Lo que vino después paralizó a todos…

Nadie con certeza sabe lo sucedi√≥, excepto Rosalba y quienes habitan ah√≠, pero seg√ļn las versiones de los vecinos, Pablito subi√≥ a la azotea con el objetivo de soltar su globo, el cual llevar√≠a su carta a los Reyes Magos. Diana no se percat√≥ de lo sucedido hasta que escuch√≥ unos gritos desgarradores.

Al llegar a la azotea, ella tambi√©n comenz√≥ a gritar, los perros hambrientos atacaban a Pablo y ella no era capaz de salvarlo, pues la ferocidad de los animales la sobrepasaba. Llena de horror y de desesperaci√≥n presenci√≥ como aquellas bestias apagaron la vida al ni√Īo. No sab√≠a c√≥mo lo explicar√≠a a Rosalba. El globo se hab√≠a elevado.

Nada se pudo hacer para salvarlo, nadie pudo intervenir por miedo a ser atacado, los policías tuvieron que disparar; los perros eran demasiado peligrosos como para dejarlos vivir.

Rosalba bajaba del microb√ļs cuando se percat√≥ de la cantidad de gente que hab√≠a en la calle. Camin√≥ nerviosa, no sab√≠a lo que suced√≠a pero se imaginaba que no era nada bueno, debido a las ambulancias y a las patrullas.

Al percatarse que policías y paramédicos entraban a su casa, quiso correr pero no pudo. Los conocidos la miraron con pesadez, otros con lástima y algunas mujeres lloraban, parecían sentir su dolor, un dolor que todavía le era desconocido.

Solicit√≥ a los polic√≠as el acceso, les dijo que ella viv√≠a ah√≠ y que necesitaba saber qu√© hab√≠a pasado. Alguien desde adentr√≥ grit√≥: ‚Äúes la madre del ni√Īo‚ÄĚ. Rosalba al escuchar, dej√≥ caer al piso los juguetes, comenz√≥ a gritar, le llam√≥ a su hijo, le grit√≥ por su nombre: Pablo, Pablito.

Los policías la dejaron pasar y nadie sabe cómo se enteró, quién le dio la noticia. Los gritos de dolor se escuchaban hasta la calle, mucha gente se abrazó, no daban crédito al suceso.

El due√Īo de los perros qued√≥ detenido, pues se supo, que llevaban semanas sin comer, porque los preparaba para una pelea. Los perros hab√≠an muerto, pero no a causa de las balas que los atravesaron, sino desde que aquella persona, lo utilizaba como herramienta para ganar dinero. Hab√≠an dejado de ser mascotas para convertirse en unas fieras salvajes.

Rosalba se perdi√≥ en s√≠ misma, en su mundo, en su tristeza. Nunca regres√≥ a su trabajo en una l√≠nea de autobuses en la terminal camionera. Su madre la llev√≥ a vivir con ella al sur de la ciudad, sin embargo, pocos saben que, como en las pel√≠culas, perdi√≥ la raz√≥n. Ahora vive en una cl√≠nica para enfermos mentales; el due√Īo de los perros sali√≥ libre bajo fianza‚Ķ

¬†Pero suponemos que Pablito se encuentra con los Reyes Magos ayud√°ndolos para la tit√°nica tarea de cada a√Īo. HC.

*Propiedad de Historias Comunes



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